Esta noche ha sido muy movida en el “hotel” donde me
hospedo. A eso de la 1.30 h. local se empezaron a escuchar gritos, golpes y
pasos de un lado a otro. Había gente que corría de arriba abajo por las
escaleras. El hotel es pequeño. Sólo tiene 18 habitaciones distribuidas en tres
plantas, reservando la de abajo para el restaurante. Con lo que cualquier
ruido, se escucha como si fuera dentro de la habitación. Después de unos
minutos, los pasos se acercaron a mi habitación y alguien aporreó mi puerta,
intentándola abrir al ver que nadie contestaba. Gritaba algo así como “desa
kolobo”. No sé lo que significa. El caso es que yo, evidentemente, no le abrí.
Estuve pensando cómo defenderme. Los Observadores Militares, muy a mi pesar, no
portamos ningún tipo de armamento, ni siquiera una pistola para la autodefensa,
así que mi única arma era tirarle una de las botellas de agua al “presunto”
agresor. Ante tal panorama, y viendo que los gritos y las carreras no cesaban,
pensé en alguna forma de abandonar la habitación. La única era la terraza, pero
estaba demasiado alta para saltar con garantías, además, si estaba pasando algo
gordo, abajo me pillarían exactamente igual. Yo miraba por la terraza y todo
aparentaba calma. La seguridad seguía en su puesto y parecía que no pasaba
nada. Otra vez volvieron a llamar a la puerta y nuevamente no les abrí. La
puerta no es más que un trozo de madera con una cerradura que con un puñetazo
de un niño puede abrirse.
El hecho de que se acababan de producir las elecciones y de
que la empresa de seguridad no es muy fiable, me hizo pensar en lo peor.
También pensé en que únicamente querían robar. Aquí todo el mundo quiere robar,
así que decidí intentar esconder lo poco de valor que tengo, el ordenador, el
móvil y algo de dinero en efectivo. Pero poco a poco la situación fue
calmándose. Intenté dormirme de nuevo y aún me costó trabajo. Volví a asomarme
a la terraza y uno de los empleados del hotel limpiaba de sangre una especie de
tabla con ruedas. Evidentemente, ahí piensas en lo peor. Conseguí dormirme.
Esta mañana, me levanté a la hora de siempre. Me asomé por la ventana y todo tenía la misma
apariencia de todos los días. Los empleados del hotel lavando los coches de los
clientes, los camareros paseando de un lado a otro, así que me vestí y bajé. Vi
al argelino (antiguo compañero mío) hablando con el gerente del hotel sobre lo
que había pasado, y luego le pregunté yo: Eran ratas, sólo eso, varias ratas se
habían colado en algunas habitaciones, provocando los gritos y las carreras
entre los clientes del hotel, que fue lo que yo había oído durante la noche. Al
final, según me cuentan, lograron matar a “casi” todas, de ahí le limpieza del
carrito donde las transportaron muertas. El gerente dice que aún queda alguna
pero que esta tarde ya no habrá. Aquí todo lo arreglan con “esta tarde”. Llevan
una semana diciéndome que “esta tarde” voy a tener agua caliente y todavía
estoy esperando, así que lo de las ratas… De todas formas, no comeré carne en
unos cuantos días, por si acaso.
En lo que al trabajo se refiere, hoy he recogido un radioteléfono
VHF para emergencias y por la tarde he terminado de arreglar los trámites para
mi cambio de puesto. Mañana dejaré de ser Oficial de Enlace de las FARDC, para
ser MILOB (Observador Militar), que fue para lo que vine. Supongo que pronto
(aquí el tiempo es relativo), me asignarán un Team Site y desplegaré en él.
La verdad es que la experiencia como Oficial de Enlace ha
sido nula. Me sentí siempre incómodo entre tanto árabe. Ellos hablaban entre
ellos en su idioma y tienen una especie de “mafia”. Evidentemente, yo sobraba y
no iba a luchar por algo por lo que además no merece la pena. Seguro que mi
trabajo en el Team Site será más provechoso.
A la vuelta al hotel, me cuentan que se ha investigado el
hecho que tuvo lugar anoche (el de las ratas), y dicen que fue provocado.
Alguien subió a las habitaciones con los animales y los soltó para crear confusión.
El objetivo: por lo visto, desprestigiar el hotel, en el que nos alojamos, en
su mayoría, personal civil y militar de Naciones Unidas. Los ejecutores: no se
sabe, probablemente de algún otro hotel de la competencia. El Congo es así.
Lo que sí se advierte es una mayor presencia de la Policía y
las Fuerzas Armadas congolesas. No extraña nada ver niños, de no más de 13-14
años, con el uniforme del ejército congolés y armado hasta los dientes con
granadas de mortero, incluso dentro del hotel.
Esto se debe a que, según los primeros resultados de las
elecciones (los definitivos se darán el próximo 6 de diciembre), el actual
Presidente Kabila, perdería en Kinshasa, la capital, lo que supondría un vuelco
en las previsiones del actual gobierno que confiaban en mantenerse en el poder.
Pero aquí en África ningún presidente pierde, y antes que perder hará alguna de
las suyas. Aquí en Goma, la situación de seguridad empeora. Hoy se ha conocido
que se han robado casi 100.000 votos del distrito más concurrido (y el más
pobre), con lo que parece que están a punto de estallar episodios de violencia
en ese barrio.
En fin, que la situación, como se esperaba, va empeorando en
lo que a seguridad se refiere, y todo esto culminará el 6 de diciembre con la
publicación de los resultados definitivos. Veremos cómo acaba. Para NN.UU., de
momento, la situación no es mala. No hay amenazas contra ella ni ningún tipo de
ataque o violencia con lo que, en principio, no hay que preocuparse (más
que por las ratas).
Aunque no tenga nada que ver con todo esto (no pude sacarle fotos a las ratas), dejo una foto de un miembro del contingente indio de NN.UU. así van la mayoría de ellos. Como se ve, no se le puede llamar ni boina azul, ni casco azul. No sabría como llamarlo: